6.18.2010

José Saramago...


¿Qué sucede cuando la voz se ahoga, cuando el aliento interno se bifurca y sale de sí, de su morada, para no volver a volar?
El giro de la palabra se extiende para concentrar la metáfora de su vida en la vida, sobre su muerte en la muerte. José Saramago nos deja una clara enseñanza, que en realidad vivimos pero que no somos capaces de admitir. El hombre tiene la necesidad de nudos, de crisis, de finales y, aunque sepamos el final de la historia, nos absorta de la mano por su genialidad de escritura. No sabemos el lenguaje, aún, si no somos capaces de desentrañar la metáfora.
No pidamos un minuto de silencio, mejor bebamos varias horas de su aliento en su obra.

6.06.2010

Poema para un cumpleaños

VINO A LEER
Vino a leer. Dos o tres volúmenes
están entreabiertos: historiadores, poetas.
Mas apenas leyó diez minutos
cuando renunció. Dormita sobre el sofá.
Está consagrado del todo a las letras,
pero tiene veintitrés años, y es tan bello.
Y esta tarde el amor pasó
sobre su cuerpo perfecto, sobre sus labios.
La pasión se apoderó de esta carne
habitada por la belleza
y sin pudor alguno por el género de sus goces.

Constantino P. Cavafis.

6.02.2010

SQ, Primera Entrega

Ed è subito sera
Ognuto sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è súbito sera.

Y de súbito la noche
Cada uno está solo en el corazón de la tierra
traspuesto de un rayo de sol:
y de súbito la noche.


Òboe sommerso
Avara pena, tarda il tuo dono
in questa mia ora
di sospirati abandoni.
Un òboe gélido risillaba
gioia de foglie perenni,
non mie, e smemora;
in me si fa sera:
l´acqua tramonta
sulle mie mani erbose.
Ali oscillano in fioco cielo,
labili: il cuore trasmigra
e dio son gerbido,

e i giorni una maceria.

Oboe sumergido
Avara pena, tarda tu regalo
en esta mía hora
de ansiado abandono.
Un oboe gélido reformula
alegría de hojas perennes
no mías
y la memoria,
en mí, se hace noche:
el agua tramonta
sobre mis manos hierba.
Al oscilar en negro cielo
lábil, el corazón emigra
y dios sin cobijo

y los días un escombro.

Cuando la noche cae en tus manos, un libro

[Pequeño prólogo en la súbita traición de una palabra y el poema.]


Siempre he sugerido y pensado que los libros llegan a los lectores y no viceversa. Es un encuentro inesperado y, a la vez, feliz, estridente, vivo. En sus letras, los libros destinan al menos una palabra, un sentido, una nota, una referencia, un significado. Los libros argumentan un nudo de memoria, individual o colectiva, en la experiencia vital de la humanidad y su cultura. Cuenta el tiempo de la cuenta, el principio, presente y final –en sus posibilidades de estructura– del tiempo y la cuenta.
La poesía se aguarda y presupone como la más íntima de las voces que se pueda trazar en un libro. Su conjetura se plantea como un tiempo sin tiempo, formulado como una esfera controlada por el ser agustiniano. Se trata tan sólo de sentir las notas en sentido, apropiarse de la voz y el aliento, sin la necesidad de conformar un dogma o interpretación ontológica de lo que se pronuncia. A propósito del teólogo ya mencionado, Borges en alguna conferencia sobre el enigma de la poesía mencionaba: “San Agustín dijo: «¿Qué es el tiempo. Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé». Pienso lo mismo de la poesía.”1
De esa forma, los libros mantienen el aliento poético del hombre, sea cual sea su espacio, tiempo, periodo. Se podría afirmar que el mundo sigue ahí, que la noche, la eterna sonrisa de figura de los dioses y la vista humana siguen presentes, vivos. No obstante, el hombre se considera carne, cuerpo o ánima en la medida en que su cultura lo obliga. Es ahí la única decisión que tiene lector frente a los libros, tomar su nudo de memoria para concretar la caída del sol sobre el horizonte marino, la significación del símbolo. De ahí las posibilidades del aliento. Más aún, ahí el vértigo del día, “Y de súbito la noche”.
Salvatore Quasimodo se ancla en el tono personal y agónico de un tiempo y una cultura. Su poesía se caracteriza por la noche del tiempo y los pesares, la agonía de un dios que ha dejado al hombre solo en sus sollozos. Por ello la formación de una arquitectura del verso marcado por el gélido sonido del oboe y la palabra. Sus estrofas se incrustan, de manera tajante, en un tiempo necesitado de una voz que la hiciera escapar y, así mismo, mostrarse en la fortuna de ser carne, cuerpo y ánima.
Para su agonía, es carne por el grito ahogado de la partida del hombre , “Signore, mio asilo:/ misericordia!”2 ; para su asombro, es cuerpo en el perfil de papel humano, “Avara pena, tarda il tuo dono /in questa mia ora /di sospirati abandoni” ;3 para su mente, carne y cuerpo, es ánima en la fortuna de sentirse en el mundo, “Ognuto sta solo sul cuor della terra /trafitto da un raggio di sole: /ed è súbito sera. ”4
Argumentando un sonido como el de un «Oboe» , sus palabras se articulan o, mejor dicho, se entretejen en la sonata oscura y tenue de una forma. Su poesía está cargada de una elaborada arquitectura del verso, conjugando con la posición de las palabras y, así, creando un juego de sonidos. Toda una poética digna de ser leída y releída en el mundo iberoamericano.
Además de su postura poética, considero dos puntos importantes para su traducción. La primera tiene que ser entendida como un acto de relectura, de refrescar y presentar al autor, a 109 años de su nacimiento. Es un autor, robando sus propias palabras, súbito, sumergido en las dificultades de un siglo que vemos ahora lejano, que toca a nuestras generaciones reflexionar sus palabras. Es una lectura de principio de siglo, de un autor proclive en el principio de otro siglo, el pasado, el antecedente. El segundo punto resulta un acto de generación y, a la vez, re-lectura colectiva. Salvatore Quasimodo perteneció a la generación de Eugenio Montale, quién ha sido hace poco traducido por Fabio Morábito. La traducción de Quasimodo trasciende una lectura generacional, de hechos, poéticas, tiempo y espacio.
Por ello, presento a cuenta gotas los reflejos nocturnos de una poesía cargada de noche, de sonidos de canto y aliento. En la superficie de su aliento penoso, sucede una parafernalia en la voz de Quasimodo, una fortuna de entrar en la noche, caer en la solemnidad individual y acto de memoria, para agonizar en la soltura única de un poema, un libro.


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1BORGES, Jorge Luis, Arte poética, Justo Navarro (trad.), Edit. Crítica, España, 2002, pp. 35.
2QUASIMODO, Salvatore, Ed è súbito sera, Arnoldo Mondatori Editori, Milano, 1947, pp. 94.
3Ibíd., pp. 75.
4Ibíd., pp. 139.

5.28.2010

¿Y ahora, la pandemia cibernética?

Entra, en su forma puntiaguda pide permiso para abrir y le manifiesta las diversas funciones que puede realizar. El otro, el controlador, elige a doble click, entusiasmado, con la tarea de marcar una espina en su seno. Se abren las funciones, se manipulan, se dan la mano, se dejan, se borran, se recuperan, se dan cuenta eternamente de su inexistencia del uno sin el otro. Es una relación de necesidades múltiples, laborales, ocio, conjeturas, soporte de imágenes, juego de palabras. De pronto aparece, un anuncio en rojo, un alerta diferida y que causa miedo al controlador. Inmediatamente se ponen diversas propuestas: poner en cuarentena, eliminar, sanar, restaurar. Si no se toma en cuenta el aviso, se puede llegar a extremos literarios: Troya en el cuerpo; Gusano Severino en la estructura molecular; Lepra oníricamente verde y cayendo en números.
Suponía sólo un desperfecto de controlador, de códigos binarios, de lenguaje virtual. Ahora se concibe en la palma de la mano y daña por entero las funciones del organismo, las neuronas que son comidas como un festín de Mantis religiosa, como una guerra situada por Dioses Controladores de rasgos faciales de japonés.
¿Será una pandemia? ¿Se tiene entonces que lavar constantemente las manos al tocar el teclado; usar cubrebocas si se habla por el Messenger; estornudar hacia los codos si, en ese preciso instante, se mira una fotografía en Facebook? ¿Y los síntomas: el cuerpo perderá toda su memoria; los movimientos de cuerpo serán más lentos por el daño en el sistema RAM; la música que salga de la boca estará cortada por la inestabilidad del código y saturación de tareas; las imágenes del recuerdo serán borradas sin tomar en cuenta una depuración del controlador? ¿Qué pasará con las instituciones de salud para restaurar el daño: el NOD32 tendrá oficinas legales en el IMSS; habrá una ley del trabajador virtual; las inyecciones serán una memoria de 4 gigas; las pastillas serán los discos compactos?
Lo más importante, ¿habrá expresiones literarias, como el Decamerón, que salgan del encierro obligatorio para evitar el contagio?